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REVISTA SEMINARIO MAYOR DE MEDELLÍN: TRAVESÍA POR SU EXISTENCIA HISTÓRICA

 

El Seminario es el corazón de la arquidiócesis y como tal bombea las venas de la Iglesia local con sacerdotes para alimentar la fe de los fieles, pero también como tal quiere además oxigenarla expresando su pensamiento frente a la realidad que vive la Iglesia y la sociedad, al menos con una análisis crítico de la misma, para ello, ha habido varios medios, entre ellos la publicación de la Revista. Aquí va una síntesis de lo que sucedió en los albores de la Revista del Seminario:

 

El Anuario: un tímido intento de publicar

El año 1939 no sólo fue significativo para Seminario por la noticia de la explosión de la nefasta II Guerra Mundial o por el fasto acontecimiento de la elevación de Eugenio Pacelli a la cátedra pontificia como Pio XII, sino por la aparición -casi de forma paulatina- ya gestada desde 1938,  del Anuario del Seminario de Medellín como bien lo describe su promotor, el entonces padre vicerrector Guillermo Escobar, quien describe este nacimiento en el prólogo del primer Anuario:

Con la timidez natural de los que empiezan a laborar en campo nuevo, vamos a publicar por primera vez el Anuario de Seminario de Medellín;  pues aspiramos a progresar cada día más; y porque se nota especial fervor de los alumnos en el campo espiritual y grande entusiasmo en las lides del pensamiento, no es justo que se queden en el olvido tantos esfuerzos que pueden servir de estímulo a los educandos.[1]

Fue así como la vida del seminario se fue consignando en los Anuarios, pero además de publicar las efemérides, comenzaron a salir artículos producidos por los formadores y por los mismos seminaristas que pertenecían a círculos de estudio de Acción Católica, catecismo, propaganda misional, teología, filosofía y literatura; puesto que el Seminario era un reconocido espacio de intelecto, arte y cultura. La importancia de que esto quedara consignado es que en los Anuarios quedó depositada la historia y el pensamiento del Seminario, como gran fuente para el clero y los futuros levitas que se van formando, siempre viviendo el presente pero encontrando en los predecesores modelos insignes de imitar y de superar.

Teniendo en cuenta que el Anuario empezó en 1939, hay que destacar que ya incluía imágenes, pautas publicitarias de marcas y productos nacionales como eclesiásticos. Además teniendo en cuenta que para entonces el Seminario Menor y Mayor eran uno sólo, había publicaciones y escritos de seminaristas de ambos niveles, por tanto también había artículos de tipo escolar.

El primer Anuario destaca ante todo la síntesis de la historia del Seminario realizada por el seminarista Javier Naranjo Villegas, minorista de aquel entonces; quien narró el comienzo de los seminarios en el mundo hacia el 15 de julio de 1563, en la sesión XXIII del Concilio de Trento, pasando por la fundación de este Seminario por el entonces Obispo de Medellín y Antioquia el 3 de febrero de 1869, -luego de trasladarse el Seminario San Fernando, que fue el primero en Santafé de Antioquia creado en 1830-, detallando alumnos ilustres, rectores, casas donde funcionó hasta 1939. El anuario liderado por el vicerrector duró mientras estuvo como rector el padre Emilio Botero, pues el último anuario se dio en 1946 ya al entrar como rector el padre Alfonso Uribe.

Primera Revista Seminario de Medellín: Al servicio del pensamiento

Fue precisamente el padre Alfonso Uribe Jaramillo quien en 1947 fundó la Revista Seminario de Medellín, que publicaba 4 números anuales, y que duró hasta el fin de esta rectoría en 1953 con un total de 23 números. Esta revista fue de tipo académico sobresaliendo la teología, pero también con temas de derecho, oratoria, sociología, gramática, biología y economía; sin embargo en esta revista la participación era más de sacerdotes y expertos en diversas áreas, pues la de los seminaristas se vio reducida, quedando no más que la función del cronista, quien sólo en el último número de cada año publicaba los anales del seminario. Cuando esta revista se publicó se ofrecía en la librería de la Acción Católica con el eslogan “es un servicio no un negocio”[2]

Algunas publicaciones destacables

También cabe destacar que siendo Arzobispo el Señor Joaquín García Benítez, en 1942 se empezó a publicar como órgano de la Acción Católica en el Seminario, la revista INSTAURARE. Lo interesante es que la dirección y redacción de esta revista no estaba a cargo de los formadores sino de los propios seminaristas, quienes le dieron mucha importancia a la Acción Católica y por ello la revista se enfatizaba en temas de misión y apostolado entre los laicos y seglares. Esta revista se publicaba quincenalmente y ajustó un total de 48 números hasta agosto-septiembre de 1946.

Tampoco se puede pasar de largo sin mencionar la revista Sé Apóstol, inspirada por el movimiento de “La Cruzada eucarística” y publicada como una continuación de la ya desaparecida revista “Cruzado corazón de apóstol” en Bogotá. Esto fue inspirado y fundado en el año 1948 por el hoy siervo de Dios Jesús Antonio Gómez, director espiritual del seminario para entonces. La Revista fue construida con la cooperación de los seminaristas y fue un gran instrumento de formación espiritual, pastoral y catequética incluso para niños, como lo expresa su primera editorial en junio de 1948: “Niños (todos somos niños en la vida espiritual sobrenatural), una sorpresa os vamos a dar en esta revista dedicada especialmente a vosotros, sabroso alimento para satisfacer el hambre que mantenéis de cosas nuevas…”[3] Sus publicaciones eran mensuales y desde 1958 comenzaron a  publicar más de 100 ejemplares hasta que desapareció en 1971.

Segunda etapa de la Revista Seminario de Medellín: Un enfoque muy intelectual

Con el padre Eugenio Restrepo -quien además fue el alma, gestor y director de la magnífica obra que cumple ya sus 50 años como sede del Seminario- se retomó la olvidada Revista Seminario de Medellín, inicialmente en latín “Seminarium Conciliare Medellenense” en 1958, cuando Mons. Eugenio al regreso del encuentro de rectores de Seminarios de Latinoamérica, quiso hacer pública esta edición en la cual expresaba lo bien visto que estaba el Seminario de Medellín con respecto a los latinoamericanos e incluso entre los norteamericanos y europeos, así publicó el nuevo pensum de los seminaristas según la formación exigida en el momento para los Seminarios de la América Española; además se incluía los anales o crónicas del Seminario. Su nombre cambió del latín a la lengua vernácula –seguramente por el Concilio- en el año 1965 con el N° 15. Su dirección estuvo a cargo del rector del Seminario hasta el año 1967, dado que al renunciar el entonces rector Pedro Nel Martínez en Julio de 1968 –quien posteriormente renunció al ministerio y contrajo matrimonio-; la asumió el padre Humberto Jiménez y luego para el N° 23 a finales del 68’ ya pasó a ser publicación del Centro de Estudios Teológicos, que ya integraba en su facultad a los alumnos del Mayor y a los demás religiosos y laicos que estudiaban Teología en la UPB, desde allí la Revista pasó a ser una publicación  meramente académica que poco mostraba la identidad del Seminario. Esta revista (en calidad de publicación del Seminario con la facultad) expiró en su N°32, en el año 1971, quedando Cuestiones Teológicas como un medio exclusivo de la UPB.

Tercera y actual etapa de la Revista Seminario de Medellín: Al servicio de la fe y la razón

Esta es la etapa que va desde el segundo semestre del año 1995 y aún continúa hoy en su trigésima edición. Pasó casi un cuarto de siglo para que el seminario volviera a tener un medio de difusión, como bien lo expresaba el entonces rector Pbro. Alfonso López Serna en la presentación de la III serie de esta revista:

Después de un receso de casi 24 años reaparece la Revista Seminario de Medellín, durante muchos años órgano de publicación de los acontecimientos del Seminario y de las investigaciones y estudios de sus superiores y alumnos… Hoy consideramos que se hace necesario volver a la publicación de la revista del Seminario. Porque el hecho de estar unida nuestra institución a la facultad en la parte académica, no le quita su entidad como institución eclesial…[4]

Es así como la revista renació y hasta ahora ha sido un medio de una gran valor porque en éste hay contenidos que aportan mucho a la formación espiritual, pastoral y académica de los seminaristas, pero también es un muro  en el cual el seminario y quienes escriben, expresan las problemáticas y soluciones ante la realidad que nos circunda, es decir, no se queda en una descripción teórica sino que hace un análisis crítico de la realidad, según el enfoque que se le dé en cada número de la revista. Cabe anotar que en el N°7 (2001) se rediseñó la revista y se organizó en las siete secciones que se conocen hoy.

Sin duda en todo este indagar la historia de la revista se puede entrever que quienes se forman para el sacerdocio, no se detienen en su ansia de buscar y de expresar la verdad ante las realidades que vive la Iglesia y la sociedad a lo largo de los tiempos, tal y como lo exhortaba Juan Pablo II: “que se hagan intérpretes de las actuales exigencias culturales, comprometiéndose a vivir esta época de la comunicación no como tiempo de alienación y extravío, sino como tiempo oportuno para la búsqueda de la verdad y el desarrollo de la comunión entre las personas y los pueblos” [5]. Por eso no queda más que desear que la Revista siga siendo órgano de difusión y formación para las próximas generaciones del Seminario y para quienes se acercan a este medio.

[1] Anuario del Seminario de Medellín, Tipografía Bedout, Medellín, 1939. Pág. 3

[2] Piedrahita Echeverri, Monseñor Javier (2002). Monografía histórica del Seminario Conciliar Sagrado Corazón de Jesús de Medellín. Medellín, p. 626

[3] Gómez, Jesús Antonio (1948). En: Revista Sé Apóstol, N°1 (enero) p. 1

[4] López Serna, Alfonso (1995). En: Revista Seminario de Medellín N°1 Serie III (II semestre), p. 3

[5] Juan Pablo II. Discurso al congreso Parábolas mediáticas, 9 noviembre 2002, 2:  L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 15 de noviembre de 2002, p. 3